Psicoparlante 16

¿CÓMO TE AYUDO PARA MEJORAR?

Cuando pensamos en acudir con un médico ¿qué imaginamos? Salud y bienestar serían las respuestas más comunes y razonables sin embargo, mucho dependerá de las circunstancias de la visita y nuestro estado anímico actual. Desde luego no es lo mismo una consulta de rutina o un resfriado a ir para confirmar o descartar un posible diagnóstico de cáncer. En la primera situación pudiera haber mayor disponibilidad porque a nuestra percepción en la segunda hay más en juego y con ello incrementa el temor de una confirmación.

Sin duda la manera en que imaginamos las posibles experiencias en el ámbito de la salud influye al decidir si acudimos o no y bajo qué condiciones lo haremos.  Visitar a un especialista de la salud mental (psicólogo, psiquiatra o neurólogo)  no tendría que ser diferente, no obstante, existe particularmente con psicólogos y un psiquiatras una serie de creencias que complican recibir tratamiento; la principal asociada a la locura. En lo coloquial la jerarquía indica que si un psicólogo es de locos, el psiquiatra está a un nivel mayor de locura, la pérdida absoluta de la razón y que por ello no queda de otra que la hospitalización, con camisa de fuerza y aislado en un cuarto a solas rodeado de colchones y siendo drogado. Sí, lo sé parece sacado de una película ¿no? Pues lo creamos o no sigue siendo parte de las creencias sociales.

Lo que quiero destacar en estos primero párrafos es cómo nuestra visión de las cosas marca la postura con que le hacemos frente ¿y esto para qué? Me preguntaría usted, sí lo que me interesa saber es “¿Cómo le puedo ayudar a un familiar para que acuda al psicólogo?” “Ya intenté de todo, en todas las formas posibles para hacerle entrar en razón y que vaya” “¿Será acaso que no puede ver que está mal?”. “Se queja pero no hace nada, seguro  así es como le gusta vivir”. Mi estimado lector, ¿Cómo es que se siente con tantos intentos fallidos? Pudiera ser… ¿enojado, desesperado, cansado, desilusionado, desesperanzado, frustrado? o ¿todo a la vez? Quizá sin tener la intención en su genuino intento por ayudar haya un toque de reproche pues tal pareciera que la otra persona no ve, no valora lo que uno hace para ayudarle. Le entiendo, eso llega a pasar pero ¿le digo algo?…si en los primeros intentos no vio algo positivo más de lo mismo créame que hará un efecto contrario, es decir, escuchar todo el tiempo: “tienes que ir” “es por tu bien” “Cómo quieres mejorar si no le echas ganas” “No va pasar nada” hace que resulte más aversivo la visita al psicólogo o peor aún que literal se ignore ya su intención y por ende su discurso.


La persona que lleva tiempo con un padecimiento, desde luego que sufre, que se da cuenta de lo que pasa y cómo su malestar salpica distintos ámbitos, genera molestia en quien le rodea, muchas veces es consciente de que no es así como quiere vivir, anhela como todos su bienestar, quisiera que las cosas sean como antes de sentirse así, lo que le ha robado tantas cosas y ha distanciado en ocasiones a quienes ama porque su padecimiento arrasa y a su criterio ha intentado tanto sin ver un rayo de luz y a eso le agregamos el continuo: “tú no quieres” “yo te ayudo pero no me dices en qué” “ni siquiera lo intentas”….ya se imaginará termina por verse como el malo que no piensa en el esfuerzo de los demás. No me mal entienda, no pretendo decir que ahora es su culpa por tanto reproche. Asumamos usted y yo que en el pasado lo ha hecho porque hasta ahora es tanto su pesar y desgaste que al igual que su familiar no sabe qué hacer. Le voy a compartir algunas cosas que suelo hacer cuando me encuentro frente a un paciente que llega conmigo con un “no quería venir, pero ya que” y me gustaría enfatizar que podemos influir en su decisión de ir con el psicólogo pero de ninguna manera le podemos obligar, mentir o manipular para que vaya. Aceptemos que ante todo la persona tiene derecho para acudir informado y voluntariamente, salvo casos que por ahora no tocaré y refieren a una imposibilidad real en dar su consentimiento.


Una de las cosas que ayudan para que el paciente reciba de mejor manera un tratamiento terapéutico es explorar qué imagina sobre ir con un psicólogo y yo lo hago consciente de escuchar cualquier tipo de historia sin adelantarme a decir: “eso es ridículo, pues si mi labor es ayudar” “claro que no nada de eso”. Es importante validar el sentir de la otra persona y ¡ojo!, validar no significa estar de acuerdo o justificar. Validar es aceptar que eso que siente está dentro de las opciones aun cuando no consideremos la más conveniente pero logramos entender de donde surge. Por ejemplo, alguien acude diciendo que ir al psicólogo es perder el tiempo, que se le podría decir a un amigo o familiar, que seguro se le va a juzgar, que podría intentarlo una vez más o leyendo un libro, viendo algunos videos, etc. Si quisiera validar, no diría: eso que dice está bien, tiene razón de no venir. Más bien para validar me preguntaría cómo fue que llegó a esas conclusiones y aquí es muy importante la manera en que se pregunta. No es lo mismo “dime ¿por qué piensas eso?” a “platícame, tengo curiosidad de saber ¿cómo llegaste a esas conclusiones?” invitando a que fluya eso que siente o piensa sabiendo que para usted, lo que vaya a decir es importante. Puede que sus respuestas sean: No me dará una solución rápida, es alguien a quien no conozco… ¿y si me hace sentir incómoda? ¿Y si es más joven y no sabe? ¿Y si sólo voy y nada más gasto dinero? Sólo uno sabe qué tanto le afectan las situaciones y pasa que quisiéramos dormirnos y despertar sintiéndonos diferentes, sin malestares, sin preocupaciones. Es difícil reconocer cuando necesitamos ayuda de alguien y más sino le conocemos. Llegar a un consultorio con un desconocido y no saber qué pasará si me acoplaré y más aún si hay alguna experiencia con un psicólogo que se vivió como negativa. Todo esa incomodidad, miedo, desesperanza o incertidumbre es válida en una situación así, a más de uno nos pasa y probablemente no se quite a la primera sesión sino que sea parte de un proceso pero entre más nos centremos en ello, menos ganas nos dará de dar el primer paso. Es como querer estar en forma, entre más pensemos en dietas, en el gimnasio y todo lo que va a implicar menos vamos a querer empezar lo importante es dar un primer paso, poco a poco y cuando menos nos demos cuenta ya tendremos hábitos. No siempre lo más rápido es lo mejor.

Además de validar el sentir de la persona consideremos que si resaltamos lo que su padecimiento nos está afectando corremos el riesgo crear una idea errónea de que queremos que se atienda para sentirnos mejor y no para que él/ella se sientan mejor. Desde luego si podemos señalar nuestra preocupación pero como un “me preocupo de que tú no la estás pasando bien”. Cambiemos un “Desde que te sientes así ya no duermo bien porque sólo escucho tus preocupaciones” “Ya no puedo ni ir al mercado porque todo te pasa, no te cuidas” por un “Me preocupa que por las noches pienses en todo lo que te angustia eso me hace creer que te abrumas con tantas cosas y no puedes descansar además bajo estas condiciones creo que si salgo podría ocurrir algún accidente y no tengo la posibilidad de ayudarte en alguna forma” 


Otro aspecto a tomar en cuenta es involucrarnos en su proceso. Si bien, es el paciente quien asistirá saber que está siendo acompañado por sus seres queridos minimiza la idea de que hay algo mal en él y que es sólo su responsabilidad su salud. Aquí, usted lector me podría decir: “Pero si yo lo incito a que vaya, le doy dinero para que pague, le pregunto cómo le fue ¿qué más apoyo quiere?” Motivarle desde luego ayuda, saber que tiene alguien que le brinde el recurso económico también pero recordemos unos párrafos atrás comentábamos que hay momentos en los cuales quien acompaña se desespera, se enoja, se cansa, se entristece porque ante todo; usted, su familiar y yo somos personas es imposible no sentir y le entiendo acompañar tampoco es fácil, que haya momentos donde uno no sepa qué hacer y le toque ver sufrir a un ser querido es duro. ¿Cuál es mi sugerencia entonces? Usted también requiere de un desahogo, que para acompañar, a usted se le acompañe que así como su familiar o amigo tiene un espacio para trabajar con su malestar, tengo el suyo para desarrollar nuevas estrategias de acompañamiento y que junto con una red de apoyo se puedan turnar las responsabilidades porque estudios revelan que los cuidadores sin un autocuidado corren el riesgo de enfermar más que el mismo paciente. Entre las cosas que se trabajan con los familiares de los pacientes existe en primer lugar, un periodo psicoeducativo donde se le aportan datos importantes del padecimiento pues el acompañamiento que requiere una persona que padece depresión, ansiedad, una adicción por mencionar algunas tiene connotaciones distintas de acuerdo al padecimiento y  son importantes de conocer. También no es lo mismo que su familiar sea un niño, un adolescente un adulto joven o un adulta mayor.

Por ahora dejaré nuestra plática hasta aquí esperando le haya sido de utilidad, próximamente seguiré tocando otro temas. Mucho le agradecería si me pudiera comentar qué le pareció la información y si tiene algún tema en particular que yo abordara.


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